OFICINA CÍTRICOS | Valencia

Hay edificios donde el verdadero trabajo no sucede frente a un ordenador, sino alrededor de una conversación. La sede del Comité de Gestión de Cítricos es uno de esos lugares. Aquí se reúnen representantes de empresas de toda España para debatir, compartir experiencias, defender intereses comunes y tomar decisiones que afectan al futuro de todo un sector. Es un espacio donde las ideas se contrastan, las opiniones se enfrentan y los acuerdos terminan construyéndose desde el diálogo. La reforma parte precisamente de esa forma de entender el edificio. Más que transformar unos despachos, el proyecto busca dar respuesta a la manera en que las personas lo habitan y a las relaciones que se producen entre ellas.

Category:

UBICACIÓN:

Valencia

CONSTRUCCIÓN:

Tesela

COLABORADORES:

Francisco de la Rosa

FOTOS:

Jorge Peiró

Date:

 

Desde el acceso comienza un recorrido natural hacia el corazón de la institución. Los espacios de trabajo diario permanecen próximos a la entrada, facilitando el funcionamiento cotidiano de quienes utilizan la sede cada día. Conforme se avanza, el ambiente cambia. Aparecen los despachos de dirección, las salas donde se producen las reuniones más pausadas y, al final del recorrido, el salón de actos, el lugar donde confluyen todos los asociados para debatir, votar y construir una posición común.

Ese trayecto tiene tanto valor como el destino. Antes de entrar en una reunión, el pasillo se convierte en un espacio de encuentro donde continúan conversaciones iniciadas días atrás, se intercambian impresiones y se afinan los últimos argumentos. Al terminar, ese mismo recorrido sirve para prolongar el debate, cerrar acuerdos o simplemente compartir un café antes de volver a casa. La arquitectura acompaña ese ritmo sin imponerse, ofreciendo un escenario tranquilo para que las relaciones sucedan con naturalidad.

 

 

La transparencia fue otro de los principios que guiaron el proyecto. Salvo aquellos espacios que requieren privacidad durante las reuniones, los cerramientos de vidrio permiten que la actividad cotidiana permanezca visible. La luz atraviesa toda la planta, las conexiones visuales amplían la percepción del espacio y la sede transmite una imagen abierta, cercana y representativa de una institución construida sobre el diálogo.

 

El edificio original, construido en los años setenta, presentaba una altura libre muy reducida. En lugar de ocultar esta condición, el proyecto la afronta con soluciones discretas. La iluminación se integra de forma oculta para liberar los techos de elementos innecesarios, la climatización se incorpora cuidadosamente para mantener la máxima altura posible y el acondicionamiento acústico garantiza el confort de reuniones que, en muchas ocasiones, se prolongan durante horas.

La materialidad acompaña esa misma búsqueda de equilibrio. La madera aporta calidez y representación en los espacios institucionales; el cuero introduce una sensación de permanencia y confort en las zonas de reunión; y un pavimento porcelánico continuo, de tonalidad gris y sin interrupciones, recorre toda la sede reforzando la amplitud, la serenidad y la continuidad entre los distintos ambientes.

Cada decisión responde a una misma idea: construir una arquitectura serena, funcional y duradera, donde el protagonismo nunca lo tenga el edificio, sino las personas, las conversaciones y las decisiones que, día tras día, le dan sentido.